Fraude alimenticio: el etiquetado de alimentos

 El fraude alimentario es uno de los más difíciles de detectar, pues no existen herramientas o entidades específicas para luchar contra ello. Es un tipo de fraude que el consumidor sólo puede detectar basándose en su propia experiencia y conocimiento. Si se es un nutricionista informado, no hay problema, pero el resto de los mortales no lo tenemos tan fácil. Y, aún detectado el fraude, la única opción real que tiene el consumidor es descartar el producto. ¿Quién tiene medios, tiempo o siquiera ganas para luchar contra una empresa alimenticia? Además, muy probablemente será subsidiaria de una gran compañía, si no una gran compañía en sí misma. El negocio de la alimentación, en todos sus aspectos, mueve cantidades ingentes de dinero y afecta a nuestras vidas hasta en sus más pequeños detalles. Al fin y al cabo, somos lo que comemos.

Soylent Green, ahora con más chicas...

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Eso sin contar con la resistencia que genera la costumbre. A muchos, después de una infancia con una educación alimenticia más bien escasa, ya nos cuesta lo nuestro seguir diariamente una dieta equilibrada y hacer algo de ejercicio, o informarnos sobre la procedencia de los alimentos y los productos con los que son tratados. No digamos ya, aprender los significados de esas extrañas cifras y letras con que los productores y distribuidores de alimentos adornan esas odas al sinsentido que pueden llegar a ser los INGREDIENTES. Sí, esos poemas en narrativa industrial, de todo tipo y variedad, desde complejos sonetos hasta delicados y sencillos haikus. ¿E-216? ¿Propil parahidroxibenzoato? ¿Qué significar? ¿Parlare la mia lingua?

Y ni siquiera es tan sencillo como una cucaracha pegada en el techo. Resulta que podemos ser engañados, de muchas y muy diversas maneras. Está claro que, viviendo en el país de la picaresca como tradicional modo de vida, no iban a faltarnos figuras oscuras. Estamos todos más que inmunizados a los anuncios de televisión con L. Casei Inmunitas o con Bertín Osborne fardando de yogurt. Sin embargo, resulta que también podemos ser engañados de forma legal y explícita. Y por eso hay que estar al loro con la legislación al respecto, tanto la española como la europea.

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Estamos hablando, por supuesto, de los engaños y manipulaciones en la publicidad y el envasado de los productos que consumimos, pero más allá de asuntos como el aguado de alimentos, los saltos en la cadena de producción o en las cantidades y calidades. Ese es también un asunto muy serio, que será tratado en un post propio pero del que os podéis informar mientras tanto con las magníficas entradas de Gominolas de petróleo, Mi dieta cojea o Scientia.

Sin preservativos...

Without preservativos…

Nos referimos a los vacíos legales que conscientemente aprovechan los fabricantes en la industria alimentaria y que ponen en práctica en el envasado de productos. Los eternos epítetos de sin conservantes ni colorantes o Light han sido sustituidos en su uso diarios por otros del calibre de libre de químicos, 100% natural u orgánico. Son, como decimos, fraudes difíciles de identificar, pues juegan con la ambigüedad de las palabras y los significados positivos inherentes que comúnmente asociamos a las mismas. Sin embargo, incluso sin formación específica, es posible advertir el engaño. Al fin y al cabo ¿cuántos alimentos carecen de químicos? Ninguno, y cualquier afirmación en sentido contrario es falsa o equivocada. Nada de lo que existe en nuestro universo se encuentra fuera de la tabla periódica y todo lo que existe se produce mediante y/o produce cambios químicos. Luego es imposible comer libre de químicos, partiendo desde la base de que lo que comemos ya es químico. Lo que ocurre es que asociamos a la palabra químico significados como malicioso o manipulación. Ídem con bonitos palabros como natural u orgánico.

Así que, recuerda en tu próxima visitas al super desconfiar del etiquetado en su justa medida. Si no te fías de un artículo, no lo compres: primero averigua cuanto puedas sobre sus ingredientes y sobre la mala o buena praxis de su productor. Un alimento no tiene porqué ser mejor sólo por que lo diga la etiqueta.

Fotografía original de Gominolas de Petróleo.

Fotografía original de Gominolas de Petróleo.

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